La historia de Dzifa, quien me regaló el momento más emotivo de mi viaje a Ghana

17 de marzo de 2020

Podría grabarme este día como uno de los más bonitos e intensos del 2020, donde recibí una gran lección que culminaba el viaje después de 1 mes en un lugar que sacó algo de mi que ni yo misma conocía.

Después de varios días recibiendo noticias sobre como avanzaba el coronavirus en todo el mundo, como se cerraban colegios y se establecía el toque de queda, decidí comprobar que mi vuelo del día 20 de marzo seguía en pie. Alrededor de las 13:30 llegaba la peor noticia: VUELO a Madrid CANCELADO. Decidí llamar a la aerolínea una y otra vez. Sin respuesta. Llamé a la embajada y sus palabras fueron: “dirígete inmediatamente al aeropuerto de Accra y coge el próximo vuelo programado”. Rápidamente recogí mi mochila, me despedí de los niños y niñas, de Ellen, y me monté en el “tro-tro” (furgoneta-autobús). A lo largo del camino, mis padres consiguieron comprarme un vuelo (casi tenemos que vender un riñón) que salía esa misma noche y confiábamos en que no lo cancelaran. Me esperaban 5 horas de incertidumbre hasta llegar al aeropuerto. ¿Volveré a casa hoy? ¿Llegaría a tiempo a cogerlo?

Durante el camino en el “trotro” me senté junto a una chica ghanesa, más o menos de mi edad, que volvía a la capital después de una jornada de trabajo como profesora en un cole de la Región de Volta, cerca del poblado donde estuve haciendo el voluntariado. Nuestra conversación fue más que enriquecedora. Dzifa notaba mi preocupación por la incertidumbre. Le conté que tuve que dejar todo en un abrir y cerrar de ojos y que no sabía qué iba a pasar, si llegaría a tiempo, si cancelarían el nuevo vuelo… yo estaba tranquila pero se notaba cierta tensión. Dzifa no se lo pensó y le dijo al conductor que se diera prisa porque ese día tenía que coger el vuelo. El conductor me miró con una sonrisa y me guiñó el ojo. “Todo va a salir bien”, me dijo.

A lo largo del trayecto seguimos compartiendo experiencias, Dzifa estaba consiguiendo que me olvidara de la situación, que desconectara y viviera mis últimos momentos en Ghana de la mejor forma posible. Instantes antes de llegar al aeropuerto Dzifa se giró y le dio unos billetes al conductor. Hice el amago de buscar en mi riñonera para abonar el trayecto, como siempre había hecho. En ese mismo momento, me miró y me dijo “está bien” “no tienes que pagar nada”. Imaginaros como se me quedó la cara… estaba alucinando. Le dije que no tenía que hacerlo y le insistí en darle mis “cedis” correspondientes. Ella decía que no, que era una “prueba” de nuestra amistad. Así, simple, bonito, humano y esperanzador. Antes de bajar decidí darle una de mis pulseras favoritas que me había acompañado durante todo el viaje a África.

Dos lágrimas cayeron por mis mejillas… ¿Cómo podría ser que esta chica que acababa de conocer decidiera tener este gesto conmigo? Una vez más, y por última en vez en Ghana quedé sorprendida, emocionada e ilusionada. Gracias se queda corto.

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